Humanidad en Pandemia....

06.07.2020

Terapeutas y pacientes viviendo el tiempo de pandemia nos hemos visto envueltos en un contexto de amenaza e incertidumbre. Frente a las normativas de cuidado para evitar el contagio, los miembros de las familias se han visto en la necesidad de permanecer en un mismo espacio por tiempos indefinidos. El impacto personal y grupal de esta dinámica se despliega en múltiples dimensiones y sin duda tiene alcances insospechados...

Por Susana Muñoz Aburto, matrona y psicóloga. Directora de Serbal Centro Desarrollos Sistémicos*.

La vivencia del espacio físico ha evolucionado en la medida que horas, días, semanas han transcurrido.... si bien en un comienzo pudo percibirse como una pausa, un descanso frente a la vorágine de la cotidianidad, luego la permanencia "obligada" se ha tornado en una especie de estrechamiento de los límites; del espacio físico, del mundo psíquico/ corporal, relacional, vincular. No importa cuántas personas habiten en un espacio, los miembros resienten el aislamiento sintiendo la soledad, vacío y desamparo en muchas ocasiones....

De alguna manera, formas previas de relación, vínculos y funcionamientos familiares, grupales y sociales, nos han señalado los estilos dominantes de comportamiento en esta suerte de clausura. Sin sistemas compensatorios externos, que operan como sedantes del sentido y negadores de la finitud, observamos la forma en que los primeros estilos de apego se hacen figura.... en una dinámica qué transita por distintos estados dependiendo del contexto global y la información tanto verbal como no verbal que de la autoridad emerge....

  • Grupos con vínculos de apegos predominantemente desorganizados generan contextos donde el roce, sanción, violencia emerge muy rápidamente como forma de descargar la angustia, el miedo y la tensión....
  • Cuando los vínculos predominantes se asocian a ansiedad y ambivalencia sumerge al grupo en el miedo que se difunde a través de redes infiltrando el mundo psico-corporal facilitando comportamientos de cuidados extremos alternados con conductas de riesgo temerario que aumentan a su vez el miedo, la angustia, ansiedad y ambivalencia....
  • Sistemas con vínculos predominantemente ansioso evitativo, tienden a centrarse en la exigencia y rendimiento amplificando comportamientos efectivos y sistemas de control a expensas del cuerpo y las emociones. Éstas a su vez quedan sometidas a la dominancia de la razón, disociando el cuerpo y sus mensajes.... como forma de controlar miedos, ansiedades, angustias e incertidumbres....
  • Por el contrario, grupos con apegos predominantemente seguros, creativa y adaptativamente transitan esta turbulencia en el polo de la acción creando y recreando nuevas realidades y modos de vivir.

Entonces, el aislamiento de algunos, poco a poco infiltra el sistema grupal, familiar, a su vez el miedo y la vivencia de vacío se apodera de los vínculos, como una melodía latente que se pretende acallar con productos de consumo. Se intenta de este modo, llenar un vacío imposible asociado a la ausencia de sentido y miedo profundo al daño, dolor y/o muerte.

En este sentido, el tiempo se transforma en un tiempo de espera... tiempo sin tiempo que oscila entre vivencias polares de atemporalidad versus falta de tiempo. Ambos confluyen en el agotamiento y/o la desesperación.

Simultáneamente hemos venido asistiendo a momentos de crisis de la institucionalidad y las organizaciones con el consiguiente derrumbe de la credibilidad y confianza. Desvinculaciones masivas de personas que en esta parálisis han perdido sus empleos confirman aquellas premisas acerca de la confianza y credibilidad vulnerada y aunque cognitivamente hoy es explicable y comprensible, emocional y afectivamente la vivencia es arrolladora. Aumenta de este modo la incertidumbre, el miedo, impotencia y vivencia de injusticia frente a un contexto imposible de descodificar. Se instala de esta manera mayor desconfianza, se acrecienta el miedo y aumenta el aislamiento.... la crítica y resentimiento, suerte de fantasías persecutorias y necesidad de encontrar culpables.... pasan a formar parte del clima emocional de sistemas y subsistemas....

Por otra parte, el teletrabajo ha sido una forma de mantener en algunos una continuidad laboral y sostenerse en el movimiento. Sin embargo, en muchas organizaciones este sistema ha arrojado a los trabajadores a estar disponibles permanentemente, en línea. Para las mujeres trabajadoras, ejecutivas la demanda se ha visto acrecentada en forma exponencial, por el ejercicio de multiplicidad de roles que se sobreponen y requieren de tiempo, esfuerzo y dedicación....

La incertidumbre como contexto emocional, relacional, social, global, resta seguridad a personas, grupos, organizaciones, instituciones, quienes, frente a la amenaza, exacerban los mecanismos de control y defensa. Rigidizan soluciones que sólo acrecientan el problema, generando miedo y dolor expresado de las formas más diversas. Niegan el duelo ante pérdidas en todos los niveles y de todo orden.... estabilidad, bienes materiales, fuentes laborales, poder, status hasta la vida misma de seres queridos y la vida propia....

Y.... ¿El cuerpo?

A menudo olvidado y deshabitado frente a la predominancia de la imagen se convierte en depositario de emociones que, dado el contexto, son imposibles de simbolizar, compartir e integrar....

Levantar estas emociones a la conciencia, nos recuerda que nos dañamos en los vínculos y nos reparamos en ellos, de manera que es posible acceder a sentir

el miedo suficiente para el autocuidado y el cuidado de otros.

Sostener el vínculo de intimidad que otorga el espacio terapéutico en este tránsito que emerge como nuevo contexto donde se pasa de lo presencial a lo virtual, implica una apertura a nuevos sentidos....

A su vez redes grupales que se reunían en rituales de tránsito estableciendo contacto entre los cuerpos, proporcionando soporte dirección y sentido a la hora de asistir a la vida y la muerte.... se han visto también impactados, lesionados.... sin embargo, se ha potenciado la voz y el rostro como imagen de contacto y compañía....

La pregunta de mi ser terapeuta....

El ser partera como primera carrera, esta pregunta me remite a contextos, procesos, aprendizajes.... en definitiva, a mi propia historia y sus múltiples resonancias entretejidas en un tapiz sistémico psicodramático que, si bien me incluye, también incluye a la humanidad entera.... y ese es hoy mi sentir....

Siento que atravesamos un umbral similar al trabajo de parto.... siendo paridos y pariendo simultáneamente.... en un canal cuya atemporalidad la sentimos en el cuerpo personal, grupal humanitario abandonando una matriz que del modo en que estábamos, ya no nos podía contener....

Hoy a fuerza de contracciones permanecemos a ratos con miedo, poco oxigenados, comprimidos por paredes estrechas que se adhieren al cuerpo.... personal, grupal, social, humano.... con sentimientos de daño y muerte, pero también en un borde misterioso, un límite que en el encuentro con espacios de distensión nos recuerda que estamos siendo. Simultáneamente y en otra polaridad, con una fuerza desconocida y con el instinto de supervivencia al máximo, abrimos el espacio virtual en busca de la salida....

¿Hacia dónde vamos?.... al igual que previo a nacer, es un misterio, sin embargo, desde otra mirada sé y sabemos que asomaremos a otro territorio, con claves, códigos y formas de supervivencia distintos de lo conocido. Un espacio en donde necesitaremos poner en funcionamiento nuevos órganos que probablemente sin mucha conciencia hemos desarrollado en este "proceso previo de gestación.... órganos que son corporales, personales, grupales, sociales y de la humanidad"....

Siento que al igual que en todo proceso, es posible que lleguemos a la otra orilla.... llorando.... pero también es posible que permanezcamos detenidos y momificados en un espacio del "entre".... sin poder avanzar.... En ese sentido, como humanidad estamos en riesgo.... es la confianza básica, la red, la conciencia y vincularidad la que nos sostiene para llegar en un día a esa "otra orilla"....

En este tiempo para mí, ser terapeuta es ser partera.... generando contextos, verdaderos campos de fuerza que en la intimidad de la psicoterapia me permitan acompañar en la incertidumbre, en el miedo, en el dolor de las pérdidas, elaborando múltiples duelos, en el silencio y en el respeto por la expresión del dolor....

Confío en que la fuerza de los vínculos nos permitirá nacer a otras dimensiones inimaginables desde los prismas en que hoy nos contactamos.... igual extraño abrazar a mis hijos.... llevo conmigo la nostalgia y el aroma de sus cuerpos....

La soledad del terapeuta....

Mi ser terapeuta atraviesa transversalmente la multiplicidad de roles que desempeño.... no siempre fue así, sin embargo, con la madurez y la conciencia, la persona del terapeuta conversa y se me integra con mi persona toda.... de manera que en un nivel me siento solitaria y a la vez es un regocijo sentir la fuerza de los vínculos de terapeutas sistémicos como yo, trabajando en el resto del mundo....

* Artículo realizado para la investigación "Terapia Familiar y Covid- 19: Reflexiones internacionales durante la Pandemia de Terapeutas Sistémicos a través del Mundo" publicado en el Journal of Family Teraphy de Australia y Nueva Zelanda.