Lágrimas

22.01.2021

Las lágrimas.... son el flujo acuoso, transparente producido por nuestras glándulas lagrimales, se encargan de mantener la oxigenación y protección de los ojos, uno de los órganos de los sentidos más valorados en nuestra cultura, la visión....
Su importancia se asocia con la mirada, la cual es fundamental;

  • en la configuración de los primeros vínculos de apego,
  • en los encuentros, lugar donde se generan espacios de convergencia entre zonas del mundo interno y externo de cada persona, constituyendo un tercer espacio que se abre a la vivencia de pertenencia.

En último término es la mirada una de las funciones maternas que nos confiere existencia, el recuerdo de esa mirada permite procesos de resiliencia. Son las lágrimas en su función biológica las que permiten mantener la funcionalidad del órgano y a nivel psíquico-vincular, favorecen el aprendizaje y potencian la capacidad de ver.

En el mundo personal, relacional, vincular, las lágrimas emergen frente a la expresión de emociones profundas e intensas que la razón no puede neutralizar, explicar ni contener. La significación asociada a esta expresión, es asignada por el mundo social, el género, los roles y expectativas familiares co-construidas en un complejo entramado entre lo biológico/histórico/socia/ cultural, en una dinámica de permanente retroalimentación. Cuando las personas o grupos se encuentran o viven en contextos de supervivencia, de injusticia y/o explotación relacional, no existe espacio para derramar ni una lágrima.... en ese contexto la consigna es seguir adelante sin detenerse, y si alguna lágrima se asoma es de ira, impotencia, resentimiento. Esta condición se transforma muchas veces en un motor para llegar a alguna meta.... que nunca es suficiente como elemento de reparación.

La expresión de las lágrimas se ha asociado culturalmente a la fragilidad/debilidad y por alguna misteriosa razón, la debilidad se vincula a la ausencia de fuerza vital expresada en aquello que se proyecta al futuro, a la imagen, a la fortaleza y permanencia en el tiempo. Características todas de aquello que llamamos masculino.

Como expresión de la pena y ausencia, ellas están referidas a lo femenino. Metafóricamente se anclan en el pasado, son las raíces que crecen silenciosas en la profundidad de la tierra. Son por tanto fuentes de energía, fundamentales de aquello que da vida, gesta, permite el crecimiento y favorece el desarrollo.

Es el imperio de la razón, la lógica de la guerra, el poder y la competencia , la que genera la oposición entre éstas fuerzas femenino/masculino. Es esta lógica la que determina la descalificación, el miedo u oposición a una u otra expresión.

Sin embargo en el interior de cada uno de nosotros co-existen lo femenino (cerebro derecho) y masculino (cerebro izquierdo), ánima animus desde la perspectiva de CarlJung. Es la valoración y la integración de estas fuerzas lo que nos permitiría modificar la ruta para abrir espacios de paz....

El conocimiento ancestral heredado transgeneracionalmente es lo que permite la visión y la posibilidad de aprendizaje e integración futura.

Entonces la fuente psíquica primaria de las lágrimas están siempre asociadas al dolor de la pérdida, nostalgia, ausencia...lo que no fue, que ya no está más y que no es reversible en tanto vivencia....
Estas pérdidas no necesariamente están conscientes y dan lugar a duelos que se enmascaran en otros dolores; corporales, vivencias de estrés y/o pérdidas de sentido.... se expresan en otras dimensiones de la vida y de pronto son imposibles de rastrear y simbolizar. En este sentido las lágrimas son importantes tanto por su presencia como por su ausencia.
Son las lágrimas derramadas en contextos vínculares seguros y de contención las que se constituyen en puentes de simbolización de pérdidas, favorecen elaboraciones de duelos antiguos que dejaron heridas de dolor angustia, culpa y resentimiento...permiten despejar la mirada, redefinir y/o redireccionar la vida además de recobrar el sentido y acceder a la genuina alegría de vivir....